Cuando alguien disfruta de casi cuarenta años de éxito sostenido en lo suyo, suele atravesar una dicotomía: seguir por esa senda, o desviarse del camino y adentrarse en lo desconocido. No son muchos los que optan por lo segundo, pero tampoco son tantos los que pueden hacerlo sin correr riesgos. Michael Balzary, mejor conocido simplemente como Flea, es uno de ellos. En su larga duración debut —no es su primer lanzamiento en solitario— se da el lujo de invitar varias luminarias de la escena de jazz de Los Angeles para una colección de composiciones (propias y ajenas) distendidas y confortables.
Quizás por su (justificable) fama como una de las mecas del rock, cualquier grupo que se destaque en la escena neoyorquina es recibido con excesiva pleitesía por la maquinaria —mediática, discográfica— añadida a la industria musical. Así es que en apenas dos o tres años un par de desconocidos puede convertirse en la gran cosa nueva, acunado por una nube de elogios que los intoxica con su humo dulce. Fcukers es uno de esos casos. Pero vaya si este dúo sabe divertirse. Ö, su disco debut, muestra interesantes credenciales para construir una propuesta de alto octanaje. Un muy buen comienzo.
Seguro ya los viste. Es difícil no haberlo hecho. Hace rato que un grupo de rock no se convertía en un fenómeno viral. Menos uno del que pueden señalarse una cantidad de extrañezas: dúo canadiense —de Quebec— interpretando unas canciones que combinan precisión e irreverencia mientras se enmascaran con caretas de papel maché, visten un atuendo bicolor a lunares y tocan (descalzos) instrumentos como una guitarra-bajo de trastes microtonales. Cuántas palabras. ¿Y la música? En Vol.II, KHN y Klek (sí, ya sé…) licúan una serie de influencias variopintas con aguda sensibilidad pop, lo que los vuelve tan peculiares como pegadizos.





